sábado, 29 de enero de 2011

Charla de café

a Thomas Fournier-Airaud

Mira el mundo según
un relato, me dice, una ilusión
que da sentido al tiempo
que lo separa del final. Parece
que realmente cree
en lo que dice. Pienso, de inmediato,
y hasta le objeto, que
ese relato tiene que tener
asideros afuera.
Que la ilusión contiene lo ilusorio
muchas veces. Hablamos
sobre el asunto, pero, entre argumentos
que examinamos, pienso
de pronto que esa argucia que plantea
y que defiende con
razones es -el vértigo es fugaz-
el resultado de años
de reincidir en traumas, de buscar
acaso amargamente
cómo modificarlos y forjar
otra clase de pulso
para las horas. Algo que lo salve
de la puntual debacle
de la vida. Y me callo, cohibido,
y entonces puedo oír
otra voz, que me cuenta el Paraíso
una vez más y al cual
quizás entremos si lo pergeñamos
de modo verosímil.

sábado, 22 de enero de 2011

La duración

 
 "El presente es perpetuo."
(Octavio Paz.)

Estoy inmóvil, fijo en el presente:
como un ancla que tira.
Y ya no tengo sed de otro momento;
y la mente, pantalla
maciza, detenida en percepciones
que ya no te conmueven,
elige las palabras con que dar
testimonio preciso, relación
de esta derrota. Mente
que es duración y boya en la sequía
-pero la sed partió-,
mente que late, quieta, trepanada,
acorazada. Gira minuciosa
la realidad, y atiendo
a su fluir moroso para así
girar con ella. Nada
sino presente, cuadro
parejo, sin fisuras, firmamento
palpable: persistís
en eso, en esa grama
que tus brazos recorren,
que no tiene final. Y un juramento
ante un espejo roto 
-"vivir a toda costa"- es ocasión
irremediable de
las horas como limo
que te martillan, que te tragará.

martes, 18 de enero de 2011

Algo más sobre las calenturas

"Dígale no a la Coca-Cola."

Tapitas de gaseosa
sobre una mesa o puente. Éramos niños
prácticamente. Me refiero a que
jugabas a la Izquierda: con su Silvio,
con su Galeano, con
su Benedetti. Hacías
consignas de sus versos
(consignas naturales, transparentes);
y el sueño de tu padre -un revolú
aburguesado: los Olimareños,
el asadito-, repetida trama.
Yo hacía de tu cosmos,
sin darme cuenta, una emoción/influjo,
algo que ahora es huesos,
su relicario. A veces
se aparecen, despiertan, como cuando
escucho ciertos temas
y me entristezco, y siento, vagaroso,
en mí "ideales": lívido collar
que llevo aún conmigo 
y que adquirí en un flash: primera novia.
Monedas pobres vibran
una vez más. Mañana, qué sosiego,
será mañana: el filo
de otra guadaña caerá -¡la siega!-,
sobre tus suaves manos: evitándolas,
haciéndolas. Por hoy, estas tapitas
-traición querida, rumbo
enredado del tiempo-
son otro nombre tuyo, una memoria
como temor o risco desleídos.
Y volver a Serrat.

sábado, 15 de enero de 2011

Flor o lazo perdido

Nombre redondo el tuyo. Escucho música
y se me viene, y lo barajo apenas,
sin que por eso vuelvan -no hay regreso-
esas dos manos tuyas como cuenco,
la vez que me pedías que apartara
un poco al menos mi
carácter, para así
comenzar algo juntos. Tu figura,
la borrachera, el cana: aguada escena,
ahora, en esta silla, esta mañana,
y mi vecina parte
para el laburo, y yo
hago lo mío. Sólo un entimema
que en mi interior se dijo, un sello, cuando
hice una pausa y me dejé llevar
por este blues de Frisell que -sabés-
nunca oirás ni yo
silbaré para vos. Sólo una pausa,
y este asalto periódico, medido,
a una hacienda infinita 
al que ojalá tu Macintosh
dejara ya de frecuentar, flaquita.

miércoles, 12 de enero de 2011

Dados de más

Si el tipo no tuviera paramecios
en la cornisa bronca de su yate,
me entretendría, ducho, con tu guita,
y yerbatales, y ominoso lar.

Ceñida la cintura por el niño
de la memoria, insisto en desafueros
o Casa de las Tejas: nuevo moño
de seda verde sin apaciguar.

Toca la rumba el tipo, su meollo,
y los Aliados bailan como frutas
que al entrevero, pochas, son clamor.

Un hálito de sierpe: ¿disponías
dados de más por mersa, por mercante?
Meo con mi juanete el resplandor.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Bajando al centro

Si una tarde indiscreta te encontrara en la calle,
cargada con las compras de después de yugar,
en nada variaría el tono meditado,
levemente enemigo, con que me interpelás.

Pero soy yo el que, ciego, interpela a tu nombre
en el chat sin ventanas que tira un monitor;
soy yo el que se desploma ante ese plenilunio,
señora a quien las preces, cuando publico, doy.

La tarde en la ciudad es los cuerpos que sudan
y caminan seguros; la tarde es los cospeles
y los bares al borde del bombo de un cieguito.

Yo camino sin verte, vidriecito en la lengua
que olvido y que me marca, como bocado de antes,
como malvón que nada le genera a tu mirto.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Lost Life

¿Qué fue, después de todo,
escribir poesía?
El calor atenaza,
no hay labios que me besen,
que me busquen, que quieran,
y esta ciudad dormida
es sólo la esperanza
de que vuelva a llover.

¿Qué fue, después de todo,
vivir el resplandor?
Di cuenta, con errores,
con ripios, de la luna
que crece como C;
y las chicas pasaban,
esbeltas, socarronas,
efímeras, salvajes.

¿Era amor, era asombro,
era miedo, era huir?
Solterón de mascotas,
casita inmunda, libros
que callan, impertérritos,
Art Pepper ya me dijo
qué sentir cuando el debe
te dibuja, fantasma.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Escuchando Bill Frisell

La sal, sobre la mesa,
habla de vos. La luz,
que proyecta una sombra
que calla, habla de vos.
Felisa, que no quiere
nada de mí, y que duerme
o medita, juiciosa,
habla de vos. Mi casa
es un esquema inmóvil
en que ninguna x,
solución, escalpelo
-¡voz grave que tenías!-,
puede ser despejada.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Nictálope, callado

Pedúnculo forzoso, un mamotreto
de las horas vencidas
firmo y ventilo, diapasón de mudas
que, rata en zigzagueo
humano, deleznable, busca asirse
a picaportes de "hay".

Mi cabeza, sudada, desceñida,
óbice del mesón,
meso y columpio como por encargo,
salutación que encarna
entre idos arrecifes: el sentido,
anarquizado, late.

Todo es demás: las uñas, el pespunte
de esta canción que enjugo,
que engarzo al entimema de añorar
ese labio, ese cuerpo,
fontana y presunción del azabache
que ahoga sin partir.

Una mansión de borlas enquistadas
a tu silencio haría,
y que elevasen pautas de ganar,
solícito, nocturno,
joya y almíbar, estación y cuerdas,
contubernio feraz.

Quijote silba y Sancho es emisario
de colmenas y nudos;
la súbita pulsión y el amasijo
contra fardos de estambre
oxidan la paciencia, la mixtura
de un aldabón inmóvil.

Colapsará el dulzor de lo secreto,
sofisticada prueba,
y pasaré a negar el vislumbrado
pulmotor o dulzaina.
Transpira mi cabeza: quemará
el sueño tu fragor.