¿La plata? El guante o nervio
de una dolorosísima borrachera/adiós,
hálito o gruta, gratos figurantes
que aquél, rijoso, ruge
para las cuatro cuerdas: sed/breviario
de todo ensalmo o colisión
que un niño carraspeará por siempre de emoción: gas, reservorio.
¿La plata? Un ganglio, una crujía
porosos, insuficientes, viles morsas, temblor/recado
que mal boquea y busca,
isquemia la emoción perturbadora -¡pasividad, efigie!-,
un arrecife/tina, algún jolgorio de
Babía o quien calló, anulada:
la no versada cuota, el arce.
viernes, 30 de diciembre de 2011
jueves, 22 de diciembre de 2011
Ustedes y nosotros
¿No cierto, Ceci, que los Harry Planta
envidiamos, mordiéndonos
los labios por callar, por no querer
que nos sepan iguales,
toda esa larga serie de partuzas
a que vos y los tuyos
se entregan, con la excusa -¡qué envidiable!-,
de leerse y reír?
Lo cierto es que se leen entre ustedes
lo mismo que nosotros,
pero jamás renegarán del dulce
reírse, sin tapujos
y estrepitosamente, de la vida y de
lo horrible que leyó
el último en subir al escenario
-que abajo se prolonga-:
todos la ligan, fiesta
en que el fernet no falta.
Y felices regresan a casita,
reluctantes de cuerpo
y de salud, indómitos y siempre
amantes de la noche,
que es una sola: la de los que brillan,
satisfechos de sí, de su deseo.
Porque también nosotros
nos alabamos mucho, desmañados,
mediante palmaditas en el hombro,
y alentamos al joven
y censuramos todo
apartarse del santo statu quo;
pero nuestros salones
se hastían de rencor y carraspeos,
por más que nos digamos
que esta carrera es cruel, que así es la cosa.
Así, mientras ustedes
colapsan emociones, las exprimen
hasta acabar rosados
-¡qué bien gozadas horas!-,
nosotros, amargor
y servilismo, somos
como el enfermo que declara, ingrato,
estar mal atendido:
ese resentimiento
que Nietzsche despreció. Porque lo cierto,
también aquí, no pasa
por escribir y por leerse, y menos
por el endriago de callar a tiempo,
sino por ser dos modos
opuestos y enemigos: vieja historia.
envidiamos, mordiéndonos
los labios por callar, por no querer
que nos sepan iguales,
toda esa larga serie de partuzas
a que vos y los tuyos
se entregan, con la excusa -¡qué envidiable!-,
de leerse y reír?
Lo cierto es que se leen entre ustedes
lo mismo que nosotros,
pero jamás renegarán del dulce
reírse, sin tapujos
y estrepitosamente, de la vida y de
lo horrible que leyó
el último en subir al escenario
-que abajo se prolonga-:
todos la ligan, fiesta
en que el fernet no falta.
Y felices regresan a casita,
reluctantes de cuerpo
y de salud, indómitos y siempre
amantes de la noche,
que es una sola: la de los que brillan,
satisfechos de sí, de su deseo.
Porque también nosotros
nos alabamos mucho, desmañados,
mediante palmaditas en el hombro,
y alentamos al joven
y censuramos todo
apartarse del santo statu quo;
pero nuestros salones
se hastían de rencor y carraspeos,
por más que nos digamos
que esta carrera es cruel, que así es la cosa.
Así, mientras ustedes
colapsan emociones, las exprimen
hasta acabar rosados
-¡qué bien gozadas horas!-,
nosotros, amargor
y servilismo, somos
como el enfermo que declara, ingrato,
estar mal atendido:
ese resentimiento
que Nietzsche despreció. Porque lo cierto,
también aquí, no pasa
por escribir y por leerse, y menos
por el endriago de callar a tiempo,
sino por ser dos modos
opuestos y enemigos: vieja historia.
Córdoba, dic. 2011
martes, 6 de diciembre de 2011
Viraje y avizore
Un solo signo me dará de comer.
Será como un uniforme o traje
que nunca habré de vestir, insomnes,
o como lienzo y cruz volcados
al corte antecesor, a lo que ya no finjimos,
y que nos ase: bruto pergeñar.
Será como un uniforme o traje
que nunca habré de vestir, insomnes,
o como lienzo y cruz volcados
al corte antecesor, a lo que ya no finjimos,
y que nos ase: bruto pergeñar.
lunes, 21 de noviembre de 2011
Montículo u oasis
Ella dormía y yo
-montículo, pradera-
leía pronunciando
versos como racimos.
Racimos que, sonoros
y suaves, cobijaban
con dulzura ese cuerpo,
oasis y penumbra.
Penumbra y relumbrar
de sus rendidos senos,
sueño reparador.
Leía disfrutando,
cuidaba ese abandono:
cumplida habitación.
-montículo, pradera-
leía pronunciando
versos como racimos.
Racimos que, sonoros
y suaves, cobijaban
con dulzura ese cuerpo,
oasis y penumbra.
Penumbra y relumbrar
de sus rendidos senos,
sueño reparador.
Leía disfrutando,
cuidaba ese abandono:
cumplida habitación.
lunes, 7 de noviembre de 2011
De nuevo una vez más
Sé que socavo muros,
que quiero hacerlo, en vos, como en mí mismo.
(Tu plaza pregonaba desencanto;
la mía era luctuosa
rigidez y torsión.)
Huelo tu renegrida cabellera
tan despacio y profundo que percibo
el nido en que, ocultándose,
una tibia paloma late:
acurrucada, temerosa: niña;
te tomo de la mano
y presiono buscando, sin saber
si corresponderás -¡cómo saberlo!-
al requerir. Son modos
probados del amor
-intimidad/pudor- con que dos cuerpos
intentarán cambiar
de piel y relucir
jóvenes de nuevo al sol; modos que pueden
ser descubiertos, ser inaugurados
de nuevo una vez más y por siempre de nuevo.
que quiero hacerlo, en vos, como en mí mismo.
(Tu plaza pregonaba desencanto;
la mía era luctuosa
rigidez y torsión.)
Huelo tu renegrida cabellera
tan despacio y profundo que percibo
el nido en que, ocultándose,
una tibia paloma late:
acurrucada, temerosa: niña;
te tomo de la mano
y presiono buscando, sin saber
si corresponderás -¡cómo saberlo!-
al requerir. Son modos
probados del amor
-intimidad/pudor- con que dos cuerpos
intentarán cambiar
de piel y relucir
jóvenes de nuevo al sol; modos que pueden
ser descubiertos, ser inaugurados
de nuevo una vez más y por siempre de nuevo.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
[s/t]
El paso timorato, la mirada
distanciadora -temerosa-, los
silencios y los mudos
aullidos, la palabra que simula
algo que no será, las repetidas
maneras de morir,
manoseadas y hueras: tu perfume
reduce cada muro, se le ríe
sin pensar ni planear,
¡sabroso terremoto de estos días,
ala del consistir y roce
que me socavan dulcemente, y más!
distanciadora -temerosa-, los
silencios y los mudos
aullidos, la palabra que simula
algo que no será, las repetidas
maneras de morir,
manoseadas y hueras: tu perfume
reduce cada muro, se le ríe
sin pensar ni planear,
¡sabroso terremoto de estos días,
ala del consistir y roce
que me socavan dulcemente, y más!
martes, 25 de octubre de 2011
Primero tragedia, después comedia - (Un sueño)
Sos vos y no sos vos. Sos más petisa,
vas de camisa blanca,
desabrochado el cuello, más sensible,
como que en falta. Niños
se mandan a la sala, ponen música
que no le agrada a tu
amante del momento. Vuelve a cero
mi celular, soy hombre
y arrastro a tu Don Nadie por el brazo,
escaleras mediante,
hasta la calle. Luego, mansamente,
y en calzoncillos, me
dejo llevar por canas. He perdido
las mañas: soy cortés
con quien me pide el documento. Había
tocado un contrabajo
en un momento de la noche, con
el arco. El Monse como
una pocilga, y el revisionismo.
vas de camisa blanca,
desabrochado el cuello, más sensible,
como que en falta. Niños
se mandan a la sala, ponen música
que no le agrada a tu
amante del momento. Vuelve a cero
mi celular, soy hombre
y arrastro a tu Don Nadie por el brazo,
escaleras mediante,
hasta la calle. Luego, mansamente,
y en calzoncillos, me
dejo llevar por canas. He perdido
las mañas: soy cortés
con quien me pide el documento. Había
tocado un contrabajo
en un momento de la noche, con
el arco. El Monse como
una pocilga, y el revisionismo.
miércoles, 12 de octubre de 2011
La máquina célibe
Es casi como el muelle que visito, insaciable,
cada tantas jornadas, en busca de ninguna;
y los barcos se alejan sin que nadie me mire,
y rudos marineros musitan salvajadas.
Es casi como el paso con que intento alejarme
del bosque de la rama dorada, sus oficios;
y manos inclementes me regresan al templo
inicial y estentóreo de ritos que me agotan.
Será que estoy marcado. Será que la inasible
fortuna me depara sólo angustia y ascesis.
Pulo versos que caen como goteo lento
y propicio más lustros de nudo en la garganta.
Una raja sin nombre me calcina la frente
y cuece la distancia con que te juzgaré.
Una raja que es todas las mañanas de turbio
dolor encasillado: raja de la estulticia.
cada tantas jornadas, en busca de ninguna;
y los barcos se alejan sin que nadie me mire,
y rudos marineros musitan salvajadas.
Es casi como el paso con que intento alejarme
del bosque de la rama dorada, sus oficios;
y manos inclementes me regresan al templo
inicial y estentóreo de ritos que me agotan.
Será que estoy marcado. Será que la inasible
fortuna me depara sólo angustia y ascesis.
Pulo versos que caen como goteo lento
y propicio más lustros de nudo en la garganta.
Una raja sin nombre me calcina la frente
y cuece la distancia con que te juzgaré.
Una raja que es todas las mañanas de turbio
dolor encasillado: raja de la estulticia.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Circe
Con el tiempo se fueron, me parece
--¿quién puede asegurarlo?--,
los lloriqueos que te dirigía,
mi crudo adolecer
en versos; con el tiempo inauguré
un nuevo modo, un alma
ahora indiferente a tus encantos.
Ya no disfrazo, ciego,
esas tus fases con los trapos sucios
que la Luna, reflejo
de lo pasado vivo, te adosaba,
doble de mí, estilita
yo de su ser, el mío, el alevosa-
mente interior. Deidad
inexpresable y propia que agotaba,
que retorcía gestos
sin ella distendidos --meros dados--,
y hacía de tus frases
y silencios un muro, una alta llama
resplandeciente de
oracular rechazo. Nunca supe
de Esfinge superior.
Hoy te oigo hablar, y poco queda ya
de tu poder, del mío:
tus palabras se esparcen, distraídas
de su tenor pasado,
y mucho me distancian tus manidos
modales de hembra en quiebra:
modales de quien sabe que ya no
hechiza, y se despide.
--¿quién puede asegurarlo?--,
los lloriqueos que te dirigía,
mi crudo adolecer
en versos; con el tiempo inauguré
un nuevo modo, un alma
ahora indiferente a tus encantos.
Ya no disfrazo, ciego,
esas tus fases con los trapos sucios
que la Luna, reflejo
de lo pasado vivo, te adosaba,
doble de mí, estilita
yo de su ser, el mío, el alevosa-
mente interior. Deidad
inexpresable y propia que agotaba,
que retorcía gestos
sin ella distendidos --meros dados--,
y hacía de tus frases
y silencios un muro, una alta llama
resplandeciente de
oracular rechazo. Nunca supe
de Esfinge superior.
Hoy te oigo hablar, y poco queda ya
de tu poder, del mío:
tus palabras se esparcen, distraídas
de su tenor pasado,
y mucho me distancian tus manidos
modales de hembra en quiebra:
modales de quien sabe que ya no
hechiza, y se despide.
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