viernes, 20 de abril de 2012

sUcubo y brebaje

"todo es mentira, aun",
decIa esa mujer, "esta montanya
sobre la cual te beso. vos sonyAs
conmigo, ahora, y que te busco, y que
de hace rato anhelaba
volver a vos, al cabo
de ese gran chiste o dEcadas de sOlo
distancia y recelar. todo es mentira",
decIa, "y la montanya
volverA a sostenerte
en medio de trabajos". luego, amor,
apareciste, cuando yo ya habIa
bajado de esa altura; y sospechabas.


y luego despertE, confuso, y quise
tasar con precisiOn esa consigna
con que me adoctrinaran
en medio de deleites. (porque es eso:
una consigna y lo gozoso, aunados.)
y tenIa una sed
tremenda, y escribI
este poema antiguo, y paladeE
la llama y la penumbra y la potencia.
y no hubo fiel de sal. y no hubo templo.

jueves, 22 de marzo de 2012

Regazo y cauce

Esta bolsa, chiquita,
de huesos, este cuerpo que, sufrido
y vacilante, huero,
vagaba por desiertos o temblores
--y el oasis, vedado--,
descansa ahora en tu regazo dulce. 
Toco tu piel, abrazo 
tu lenta suavidad, incomparable, 
indefinible, intento
--pero jugando-- que tus rulos sean 
un poco menos risa,
y no lo logro, menos mal, qué suerte
Somos, entonces, los 
protagonistas --cámara y milagro--
de una, nos lo decimos,
película francesa, y la función, 
que no sabemos cuándo 
volverá a repetirse, la queremos
inacabable. Sí:
esta piel, que por años parecía
que había muerto, pudo
volver a florecer. Y, así, respiro
entre tus brazos, joven
una vez más, en calma... Hasta que un beso, 
y después otro, y otro, 
dan cauce, urgidos, descarados, a
otros asuntos menos
bucólicos: el cauce se desmadra. 

jueves, 15 de marzo de 2012

Un mundo

Yo sé que las palabras
ni las fotos podrán
tenerte nunca. Que
el beso que nos dimos
anoche se conserva
apenas, desleído
por la ingrata memoria.
Que esa risa que estalla
de repente en tus labios,
y que yo no manejo
ni aunque lo intente, surge
cuando quiere o querés;
que es inútil grabar
para los venideros
ese tacto a distancia
que sonriendo me ciñe.
Somos ese detalle
que el otro guarda, que
recuerda, del que abjura
o por el que suspira
o se alegra. Es posible
que ahora que dormís
no me tengas presente:
soñás, quizá, con una
minuciosa manada
de elefantes a punto
de entrar en un bazar;
o con esa perrita
que te daba la pata
anoche. Lo que sí
es cierto es que, callado,
y cansado, y desnudo,
escribo sobre vos.
Y lo más cierto es que
estas pobres palabras,
que leerás mañana
por la mañana, con
un mate, a las corridas,
jamás conseguirán
mostrar el modo claro
en que tu cuerpo luce
de noche al descansar.
Todavía más cierto
es que no importa. Puede
que el futuro no sepa
nada de vos, ni de
tus labios rumorosos.
Los míos guardarán
su forma, su tibieza,
su increíble dulzura.
Ya no puedo olvidarte,
señora que ha logrado,
sólo con ser, hacer
de estos días un mundo.

lunes, 5 de marzo de 2012

domingo, 4 de marzo de 2012

Umbral que atravesamos


a Cecilia

Si en estos días me hundo demasiado
en un libro, en la música
o en cualquier otra celda
en que solía, necio, resguardarme
cuando el mundo era mundo, su temor,
y yo vagido incierto,
me vuelvo, sin dudar,
a vos, y a tu niñez
si vuelve a sonreír, si prescindís
de aquel viejo vestido
que promueve el dolor:
y somos como germen que la lluvia
no olvida, aunque se tarde
a veces en besarlo.
Este presente es ciervo
gozoso que la vida
paciente apacentó para después
hacer que se acercara
--y las horas o rías,
que corren y que curan
negros espantos--. ¡Oh!:
reconocemos alas, o su brisa,
en nuestro estar, y salen
pasos justos, livianos.

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jueves, 16 de febrero de 2012

Un no

Cuando llegamos, ya la marcha había
partido. La avenida
mostraba sólo la ciudad: normal:
autos que pasarían
por la San Juan, y gente
que caminaba, paso
neutro, preciso, diligente, y todos
hacia privadas detenciones. Sólo
una clara pintada,
que la Ceci fichó
como que por instinto. Caminamos
hacia la Plazoleta, hablando poco,
queriendo averiguar
quizá pensando o viendo: ¿dónde estaba
la gente que buscábamos, los bombos
y las pancartas, ese
vaivén en movimiento que, sabía
o recordaba, a veces
era como una fiesta, un renovarse
quizá ilusorio de la voluntad
común? Llegamos, y no están aún.
¿Por dónde se acercaban? Yo me quedo
sentado por ahí -la Ceci vuelve
sobre sus pasos, no
está cansada como yo-, fumando,
mirando un poco, viendo ese calor
de tarde de verano sobre los
pesados movimientos
de esos cuerpos que pasan o que esperan,
que charlan o que callan; y este sitio
ahora es cercanía
posible, y continúan
pasando los vehículos, precisos
y neutros. (La ciudad es una máquina
de tramitar deseos, y la gente
fluye y refluye, diligente, y pocos
se posesionan, aunque más no sea
por un rato, de un poco
ya de las plazas, ya
de eso que llaman Centro, que no es más
que el habitáculo de las decisiones
de Córdoba.) Lejano
de a ratos del lugar,
pero sentado en el
borde caliente de la fuente, de
pronto algo me llega:
desde otra parte, desde la imprevista,
más o menos callada, más o menos
cansada, como yo, pero marchando:
son ellos, los motores
de eso que aún resiste y que me puede:
la voluntad mancomunada de
marcar un no al de arriba
lo más fuerte posible.
Cuando vuelva la Ceci reiremos.

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domingo, 5 de febrero de 2012

Ante eventuales reprimendas

¿Y qué sabés, lector,
de ella, de mí, de nadie?
Ni siquiera de vos
sabés mucho, por más
que mires desde adentro
de tu opaca sentina.
No te ensañes, entonces,
con mi torpeza, con
mi frenesí. Si la amo,
no lo hago practicando
algún saber. Si rujo,
si la acaricio, lo hago
bastante a ciegas, y
desde el brusco deseo,
que otras veces es dulce.

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miércoles, 1 de febrero de 2012

Buenos Aires (o Rosario)

En fin: como decía,
alguien me amó. Deseosa,
sus planes no me incluyen
sino que se vinculan
con Buenos Aires ("más
progre, menos curitas,
menos fachos; cultura...").
Y partirá, seguro,
tarde o temprano, no
tan joven pero aún
pujante, decidida.
Yo sería un estorbo,
aparte de que no,
según cree, podría
vivir lejos (¿de quién?).
Y así, lo que soñara
--¡y ella también!--: un cuento
--¿un proyecto sin base;
un amor con muy pocas
esperanzas de vida?--
que pergeñara un auto,
niños, casa y el siempre
custodiador perrito.
No me quejo: duró
lo poco que podía
durar antes de que
retornara la idea
de que sin guita no
hay tu tía, es al vicio.
Pero eso no lo sufro
demasiado: soy un
muerto; no quiero más
que leer, escribir
y evitar, si es posible,
el trabajo, dañino.
La verdad es que estoy
conforme: tres poemas
--o cuatro--, que tomé
de su glorioso cuerpo,
sonrisa que se esfuma.

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lunes, 30 de enero de 2012

¡Pubichito!

Viajó. No estoy con ella.

(Nadie viene a besarme,
torso desnudo, de
la pieza que, vacía,
sólo acumula libros.
Nadie pregunta por
los lentes, ni acaricia
a la gata, ni le habla.)

Viajó. Ya volverá.

(La sábana, caída
de la cama, y hojitas
de albahaca en la cajita
de los elefantitos:
de la pieza llegaban
palabras como naos:
amor, dulce ventura.)

Viajó. ¿Regresará?

(Esa pieza: sitial
de lujo de la acedia
siempre posible, angustia
-aliada poderosa
del insomnio-, terrible
catafalco del tedio
y el rencor: florecela.)