miércoles, 24 de noviembre de 2010

Nictálope, callado

Pedúnculo forzoso, un mamotreto
de las horas vencidas
firmo y ventilo, diapasón de mudas
que, rata en zigzagueo
humano, deleznable, busca asirse
a picaportes de "hay".

Mi cabeza, sudada, desceñida,
óbice del mesón,
meso y columpio como por encargo,
salutación que encarna
entre idos arrecifes: el sentido,
anarquizado, late.

Todo es demás: las uñas, el pespunte
de esta canción que enjugo,
que engarzo al entimema de añorar
ese labio, ese cuerpo,
fontana y presunción del azabache
que ahoga sin partir.

Una mansión de borlas enquistadas
a tu silencio haría,
y que elevasen pautas de ganar,
solícito, nocturno,
joya y almíbar, estación y cuerdas,
contubernio feraz.

Quijote silba y Sancho es emisario
de colmenas y nudos;
la súbita pulsión y el amasijo
contra fardos de estambre
oxidan la paciencia, la mixtura
de un aldabón inmóvil.

Colapsará el dulzor de lo secreto,
sofisticada prueba,
y pasaré a negar el vislumbrado
pulmotor o dulzaina.
Transpira mi cabeza: quemará
el sueño tu fragor.

2 comentarios:

  1. Me pediste que escuchara tu "Lección de Piano" y aquí estoy, entre conmocionada y embelesada por el color de tu música.

    Si bien -como te he comentado oportunamente- no soy una lectora asidua de poesía, como aprendiz de escritora no puedo dejar de remarcar la riqueza y la maestría que detentás en el uso del lenguaje que, si bien por momentos se torna inextricable, conduce a los sentidos desde la tensión hasta la calma, desde la incógnita hasta el sosiego...

    Voy a merodear más seguido por aquí, poeta nictálope, para admirar los vástagos de tus noches insomnes.

    Saludos!

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  2. ¿Todas esas cosas, Carito? Bueno, yo, más que agradecido por tu escucha. Visitá cuando quieras. Gran beso.

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